EL HOSPEDAJE Y SUS ORÍGENES

 

Las posadas y los mesones, en sus comienzos, tenían unos precios asequibles para el viajero, aunque, como contrapartida, quizá los otros huéspedes eran personas toscas o vulgares, y las condiciones higiénicas eran precarias ya que, a veces, había que compartir cuarto con los caballos y los animales. Incluso, en ocasiones, las que regentaban esos hospedajes eran prostitutas.

En el siglo IV a. de JC., en la Antigua Grecia, se construyó el “Teonidaion”, en la ciudad de Olimpia, el primer edificio cuya finalidad eran albergar a los huéspedes que participaban en los Juegos Olímpicos.  Tenía unas dimensiones de 74 metros x 80 metros. Con el aumento de visitantes para presenciar los juegos se habilitaban campamentos en los cuales podían dormir. Con el transcurso del tiempo fueron implementándose servicios en los lugares de alojamiento.

En el siglo I d. de JC., algunas de las posadas de Palestina eran más completas. Era posible que, además de cobijo, se ofreciese alimento y otros servicios por un precio estipulado.

Así, era costumbre, al trasladarse a otra ciudad, buscar esos lugares. Por el texto bíblico sabemos que José y María, los futuros padres de Jesucristo, al trasladarse a Belén, buscaron una posada o un lugar donde dar a luz, aunque no lo pudieron encontrar debido a que estaban completos debido la afluencia de personas que fueron allá con motivo del censo romano.

Había diferentes tipos de establecimientos:

Tabernas: sólo servían comida y bebida, y no hospedaban huéspedes. Se ofrecían bebidas refrescantes, vino y cerveza, y apenas se comía. Hubo que constituir leyes que pudieran controlar los precios y garantizar una calidad mínima en los servicios.

Posadas: solían ser pequeñas y ofrecían un alojamiento bastante rudimentario que incluía establos para los caballos.

Mesones: La palabra griega para “mesón”, pan·do·kjéi·on, significa literalmente “lugar que recibe (o acoge) a todos”, es decir, que da albergue a los viajeros y a sus animales, por lo que parece que los antiguos mesones del Oriente Medio solían constar de un patio rodeado por un muro con una sola entrada. Una serie de habitaciones sin muebles y construidas sobre una plataforma, se adosaban al muro, a las que se accedía por el patio interior. Allí se alojaban los viajeros y podían dejar sus mercancías. Los animales permanecían en el patio, en cuyo centro solía haber un pozo.

Los mesoneros suministraban ciertas provisiones necesarias a los viajeros y cuidaban de las personas dejadas a su cargo, servicios por los que recibían una compensación. Un ejemplo de esto lo encontramos en una famosa parábola de nuestro Señor Jesucristo, la parábola del “buen samaritano”, en la que se relata que este hombre pagó con su dinero para que cuidaran al herido en un mesón.

(J.A.T.)