EL HOSPEDAJE EN EL IMPERIO ROMANO

Con el asentamiento y expansión del Imperio Romano, esta actividad comercial fue en aumento. La construcción de la primera vía, la Vía Appia hizo surgir el negocio de los hospedajes públicos. Esta vía fue creada en el año 312 a. JC. por Apio Claudio el Censor, también llamado Apio Claudio Ceco (Appius Claudius Caecus) que significa el Ciego, uniendo Roma con Brindisium (Brindisi) pasando por Capua. Esa expansión hacia el resto de Europa hizo que, en su apogeo, la red de calzadas romanas llegara a tener alrededor de 100.000 kilómetros, lo que dio lugar al asentamiento de nuevos establecimientos dedicados al hospedaje en el vasto dominio del Imperio.

Veamos algunos tipos de establecimientos:

Mansio: Viene del latín mansus, una forma verbal derivada de manere (“lugar donde pasar la noche durante un viaje”), y era un establecimiento “oficial” en una calzada romana, mantenida por el gobierno central para el uso de oficiales y hombres de negocios a lo largo de sus viajes por el Imperio. Según transcurriendo el tiempo, fueron adaptadas para acomodar a viajeros de toda condición, incluso al emperador. Así, los clientes preferentes eran los funcionarios, aunque eran tan grandes que tenían suficientes habitaciones para acoger a los viajeros que iban de paso. Las Mansio (mansiones) estaban bajo la gerencia y supervisión de un oficial denominado mansionarius.

Por los muchos restos arqueológicos descubiertos, se aprecian que contaban con una recepción, baños termales,  habitaciones, el comedor y la cocina con su horno, su fragua, así como un granero y establos.

Mutatio: Era una parada o establecimiento en una calzada romana, para descansar y dar servicio a los animales que se utilizaban como transporte. Las mutationes eran el lugar para cambiar de caballos y tomar otros de refresco, así como para efectuar las reparaciones necesarias en el vehículo. Se hallaban cada 20-30 kilómetros. En estos complejos, el conductor podía adquirir los servicios para ajustar las ruedas, el carro, conseguir medicinas o un veterinario para sus animales, dar descanso y avituallamiento, o para el cambio de caballerías. Existían 4-5 mutationes por cada mansio.

Usando estas estaciones y haciendo relevo de carros, el emperador Tiberio recorrió unos 480 kilómetros en 24 horas para visitar a su hermano Nerón Claudio Druso, que se estaba muriendo de gangrena tras caerse de un caballo.

Cauponae: Este era el nombre de un alojamiento privado para viajeros. Se solían colocar cerca de las Mansio. También se utilizaba este término para referirse a tiendas donde se ofrecía vino y comida ya lista para servir o a lugares de entretenimiento. El Caupo era la persona encargada de una caupona. La comida que se ofrecía solía ser fría, a base de quesos o embutidos, y vino para beber. Como, generalmente, no había mesas ni sillas, había que comer en la barra. Eran conocidas porque las camareras estaban adornadas con joyas y los clientes intentaban conquistarlas.

Por lo general, las cauponae estaban dedicadas a viajeros de pocos recursos, siendo frecuentadas habitualmente por ladrones y prostitutas, por lo que no estaba bien visto que una persona de buena posición parase en ellas.

Tabernae: Era una parada en una calzada romana donde se podía descansar o pasar la noche. Era un establecimiento para viajeros más acaudalados que demandaban algo más refinado que las cauponae.

En los primeros tiempos de las calzadas, las casas situadas cerca de alguna calzada estaban obligadas por ley a ofrecer hospitalidad al que lo requiriera. No hay duda de que las casas más frecuentadas se convirtieron muy pronto en las primeras tabernae, las cuales eran más parecidas a “hostales” que a las “tabernas” como las concebimos actualmente.

Como Roma crecía, sus tabernae se volvieron más lujosas, adquiriendo buena o mala fama según sus servicios. Uno de las mejores fue la Taberna Caedicia en la Vía Appia.

Muchas ciudades europeas conquistadas por los romanos crecieron a lo largo del tiempo alrededor de un complejo de tabernas, como es el caso de Tawer en Renania (Alemania), Tafers (Suiza) y Saverne en Alsacia (Francia), y cuyos nombres se derivan asimismo de la palabra “taberna”.

(J.A.T.)