Roma: El Coliseo


El anfiteatro Flavio, del siglo I AD, hoy más conocido como el Coliseo (Colosseum, con motivo del Coloso de Nerón, una gran estatua que desapareció) es, desde el 2007, una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, y declarado Patrimonio de la Humanidad (1980).

Su construcción se inició bajo Vespasiano y terminado por su hijo, Tito, y con capacidad para unos 50.000 espectadores, fue el anfiteatro más grande jamás construido en el Imperio Romano. Tiene forma ovalada, con un perímetro de 524 metros (189 m. largo, 156 m. ancho y 57 m. alto).

El Coliseo.

El Coliseo.

Se modificó por Domiciano y en su celebración de 100 días murieron decenas de gladiadores y animales, siendo usado por cerca de 5 siglos (incluso los bizantinos lo usaron) para ejecuciones, obras teatrales, recreaciones de batallas, peleas de gladiadores… Se estima que los muertos en las luchas del Coliseo ascendieron a 500.000 (otras fuentes los llevan hasta 1.000.000). Tan solo en su inauguración, según  el historiador y senador romano Dión Casio Coceyano (Dio Cassius), murieron unos 9.000 animales.

También se cuenta la historia de Vero, un gladiador de Moesia, que luchó a muerte contra su amigo Prisco. Pese a ser amigos, la lucha fue tremenda, haciendo gala de su fuerza y destreza con las armas. En esa lucha de poder a poder, nadie había visto algo parecido. El final fue insospechado, y parece que no volvió a repetirse. En su obra Liber Spectaculorum o Liber de Spectaculis, XXVII (XXIX), el poeta Marco Valerio Marcial lo relata de esta forma:

Como Prisco y Vero alargasen el combate,
y el valor de ambos fuese el mismo durante largo rato,
se pidió repetidamente y a grandes voces gracia para los hombres,
pero el mismo César obedeció su ley:
la ley era acudir al dedo tras dejar el escudo.
Les entregó una y otra vez platos y regalos, lo que se permitía.
Se halló, sin embargo, un final de combate igualado:
lucharon iguales, cayeron iguales.
César envió a ambos la palma y la vara de honor:
el valor ingenioso ofreció esta recompensa.
Bajo ningún otro príncipe, César, sucedió esto:
que al luchar los dos, uno y otro fuesen vencedores.

Así que el César al ver el pundonor de ambos luchadores, y peleando hasta la extenuación, no tuvo más remedio que declarar a ambos vencedores.

Juvenal, un poeta romano (siglo I-II AD) utilizó la expresión “panem et circenses” (“pan y juegos de circo”) –que aún se usa en la actualidad- para describir la costumbre de los gobiernos de entretener al pueblo para distraer la atención de los graves problemas que tiene un gobierno. Con estas distracciones se ganaba poder político con el voto de la clase más pobre.

En el siglo III un gran incendio lo daño gravemente y fue restaurado por Teodosio II y Valentiniano III.

Desde el siglo IV estas luchas de gladiadores cayeron en desuso, y tras sufrir 4 terremotos, en la Edad Media se convirtió en la cantera de Roma para construir otros edificios. Aunque la creencia popular considera al Coliseo como el lugar donde murieron los cristianos, no parece claro que así fuera, ya que había muchos circos, anfiteatros y estadios en la ciudad de Roma (parece que esta idea surgió hacia el siglo XVI-XVII, cuando el papa Pío V fomentó que los peregrinos  guardaran arena del Coliseo como si fuera una reliquia al estar impregnada con la sangre de los mártires).

En el siglo VIII, el historiador Beda el Venerable dijo: “Mientras siga en pie el Coliseo, seguirá en pie Roma. Cuando caiga el Coliseo, caerá Roma. Cuando caiga Roma, caerá el mundo”.

(J.A. Talz)

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