Decíamos en un anterior artículo que, en el ranking de himnos, casi todo el mundo concuerda en colocar en primer lugar al himno nacional francés: La Marsellesa.

La Marsellesa es el primer himno que no hace referencia a Dios. Originalmente fue un canto de guerra revolucionario y un himno a la libertad.

El 20 de abril de 1792 se declaró la guerra contra la Austria de Leopoldo II, que era hermano de la reina francesa María Antonieta. 5 días después, el día 25, el oficial francés Claude Joseph Rouget de L’Isle, destinado al batallón “Enfants de la patrie”, compuso un himno patriótico a petición del alcalde de Estrasburgo, Philippe-Frédéric de Dietrich, quien había organizado en su casa una cena con las personalidades más importantes de la región y oficiales del ejército galo destinados en la zona. Tenían claro que había que arengar a las tropas por lo que era pertinente crear una marcha que motivara a los soldados. La letra se la inspiró un cartel callejero con la proclama “¡Aux armes, citoyens!” (“¡A las armas, ciudadanos!”) y lo tituló “Canto de guerra para el ejército del Rhin”.

En julio de 1792, los voluntarios marselleses entonaban el himno mientras entraban en París para participar en la insurrección de Las Tullerías, por lo que llegó a conocerse por La Marsellesa. Su música y letra era tan pegadiza que pronto los parisinos cantaban y tarareaban la canción.

Tras convertirse en el himno de Francia el 14 de julio de 1795, estuvo prohibido durante el Imperio y la Restauración de los Borbones en el trono de Francia tras caer Napoleón Bonaparte.

Posteriormente, en 1830, fue rehabilitado por la Revolución. El compositor Louis Héctor Berlioz realizó una orquestación en homenaje a Rouget de l’Isle.

En 1879, la Tercera República la proclama como himno nacional y traslada los restos de Rouget de l’Isle al Hôtel National des Invalides (Palacio Nacional de Los Inválidos).

Se oficializó como himno nacional en las Constituciones de 1946 y de 1958.

J.A.T.