El mal de las “vacas locas”

 

“En noviembre de 1986 apareció por primera vez una alarmante enfermedad que afectaba al ganado vacuno de Gran Bretaña. Desde entonces, ha infectado a más de 11.000 vacas y cada semana se informaban hasta 200 casos nuevos. Aunque su nombre técnico es encefalopatía espongiforme bovina, o EEB para abreviar, en vista de los terribles síntomas que produce, los medios informativos la denominaron enfermedad de las “vacas locas”.

¿Qué es la EEB, cómo se originó y por qué preocupa tanto?

Se trata de un tipo de demencia en la que unas proteínas anormales calificadas de “agentes infecciosos poco convencionales” destruyen ciertas partes del cerebro. A través del microscopio, el cerebro afectado tiene un aspecto esponjoso y agujereado. Según avanza la enfermedad, el animal se vuelve irritable, pierde peso, y cuando ya no puede controlar sus miembros, se desploma y muere, o tiene que ser sacrificado.

Las vacas la desarrollaron de una enfermedad llamada scrapie, un tipo similar de demencia que se da en las ovejas británicas. ¿Cómo sucedió?”

Estos comentarios son parte del artículo que apareció en ¡Awake! (¡Despertad! en español) -una de las revistas de mayor distribución mundial con 60.240.000 de ejemplares en 117 idiomas- en su número del 08/11/1990, pág. 16, editada por los Testigos de Jehová.

Posteriormente, la revista TuttoRegio (mayo 1996) publicó los siguientes comentarios de Stefania Ferrari: “Hemos hallado una revista de 1990 en la que ya se hablaba de este flagelo desastroso: ¡Despertad!, de los testigos de Jehová”, haciendo referencia al artículo que llevaba el título de “El dilema británico de las ‘vacas locas’”. Después de citar los 4 primeros párrafos —que se reproducen al principio de este artículo-, Ferrari manifestó su asombro por el hecho de que el artículo hubiera aparecido “6 años antes de traerse el asunto a conocimiento de la opinión pública mundial”.

Las investigaciones descubrieron que el ganado se había infectado por la alimentación, y que su aparición estaba relacionada con un cambio en la fabricación de los piensos que se hacían con huesos y restos de animales terrestres. Hacia 1981-82 se había buscado un ahorro en la producción, reduciendo la temperatura y el tiempo a que se sometían los restos animales. Como, por ejemplo, en Gran Bretaña no tenían la costumbre de consumir sesos de cordero, éstos terminaban en las harinas. El cambio hizo que los agentes infecciosos no fueran destruidos y contaminaran los piensos.

El miedo de contagio al hombre por el consumo de carne ha supuesto que se inviertan cientos de millones de dólares en Europa para la investigación de la enfermedad, y ha obligado a buscar otro tipo de alimentación para el ganado que aporte las proteínas y nutrientes que necesitan sin que ello suponga una carga demasiado onerosa en los costos.

Así, muchas empresas se han decidido por el uso de la alfalfa como alimento base para el ganado, volviendo a los orígenes, a usar este tipo de follaje como lo usaban los persas. Las razones, además de evitar la infección de enfermedades como la encefalopatía espongiforme, son la cantidad de nutrientes de gran calidad que aporta a la alimentación del ganado: aporta proteínas, macro y micro minerales, y vitaminas, y además es una fuente muy significativa de fibra natural, que tan necesaria es para el organismo animal.

Además, favorece otros aspectos del animal como:

  • Estimular la rumia. Parece que cuanto más larga sea la fibra mayor será la estimulación.
  • Aumentar la salivación. La rumia se relaciona con la salivación. Una mayor cantidad de saliva aumentará la cantidad de bicarbonato que llega al rumen, favoreciendo el control del PH.
  • Ralentiza el tránsito del alimento en el rumen, lo que permitirá aprovechar las proteínas de otros alimentos.

J.A.T.

Esperamos que haya sido de su agrado el artículo: 

Alimentación animal: el mal de las “vacas locas”