Muro de Berlín

Me he decidido a poner este título al artículo, recordando ese luctuoso pasaje de la historia reciente en el que al Muro de Berlín —que tantas vidas segó—, tanto medios de comunicación como la opinión publica de Occidente no dudaron en denominar “El Muro de la Vergüenza”. La situación de Rusia encaja perfectamente en dicho calificativo pues es inconcebible que, en pleno siglo XXI, se tengan criterios tan arbitrarios, absurdos y alejados de la realidad además de contrarios al Derecho Internacional. Incluso van en contra de la propia Constitución de la Federación Rusa, la cual garantiza la libertad religiosa y la igualdad de las confesiones religiosas ante la ley. (Lo cierto es que, como muestra la historia de la humanidad, unos suelen ser menos iguales que otros.)

El 26 de abril de 2017 escribía un artículo titulado “Carta abierta al gobierno ruso”, en la que mostraba mi estupor y preocupación por la ausencia de libertades que estaba manifestando el gobierno de Rusia, tomando como referencia el injusto trato que estaban recibiendo los más de 175.000 Testigos de Jehová (en adelante TJ) que hay en Rusia, prohibiendo sus actividades y confiscando todos sus bienes al declararlos “organización extremista”. Mi objetivo no es hacer una apología sobre los TJ —ellos ya saben darse a conocer por palabra y acciones— sino, tan solo, hacerme eco de preocupantes noticias aparecidas, abogando por un mundo donde la libertad de pensamiento y expresión en términos pacíficos y respetuosos, bien en sentido político, social o religioso, deba estar presente. Analicemos un poco esta situación.

Razones reales o manipulación

Tal es el grado de “razones reales” que hay para que la Fiscalía General de la Federación Rusa actúe así, que se han tenido que “colocar pruebas falsas” por parte de las fuerzas de seguridad rusas para tener “argumentos” en contra de los TJ. De hecho, hay pruebas documentales, que he tenido la oportunidad de visionar, que fueron grabadas por cámaras de seguridad. Una de las acusaciones es que los TJ desbaratan y rompen las familias. Evidentemente, esto no se sostiene.

Familia Novik con Vladimir Putin.

Como argumento en contra de esa absurda acusación nos encontramos con la incoherencia de que, el 31 de mayo de 2017, en una ceremonia celebrada en el Kremlin, el presidente Vladimir Putin otorgó la Medalla de la Orden de la Gloria de la Paternidad a Valery y Tatyana Novik, que son TJ de la República de Karelia, y que tienen 8 hijos. Esta condecoración se concede a padres de 7 o más hijos que, de forma excepcional, se han esforzado por cuidarles y darles la mejor educación posible. Esta medalla reconoce a quienes la reciben como padres ejemplares que refuerzan la institución familiar. ¿Alguien entiende esta flagrante contradicción?

Otra de las acusaciones tiene que ver con el conocido rechazo de los TJ a las transfusiones de sangre, una cuestión que en Rusia alcanza el rango de “peligro nacional”. De ese modo, Rusia goza de una extraña y poco deseable singularidad, cuando en casi todo el mundo libre el rechazo a las transfusiones de sangre no solo es aceptado, sino hasta defendido como una alternativa quirúrgica más segura. Por otra parte, no es que estemos obligados a compartir la postura de los TJ sobre la terapia transfusional, sino a verla como una expresión de la libertad personal, avalada además por cientos de miles de médicos de todo el mundo (incluida España) que propugnan terapias alternativas a la sangre. No es un hecho baladí que se hayan creado Unidades de Cirugía Sin Sangre (UCSS) o elaborado protocolos de ahorro hemático en numerosísimos hospitales para atender esta problemática cuya solución es demandada no solo por los TJ sino, también, por otros muchos pacientes que, aunque no lo son, temen a infecciones post-transfusionales como la hepatitis y el SIDA, por citar un par de ejemplos. ¿Cómo interpretar entonces el razonamiento del gobierno ruso? ¿Argumento científicamente avalado o “excusa barata”?).¡Vergüenza!

Menciono una tercera “razón” de esta sinrazón: se abre un proceso contra la traducción de La Biblia que usan los TJ, la Traducción del Nuevo Mundo (TNM) por considerarla “extremista”. Otra vez resulta curioso que prestigiosos expertos biblistas y profesores de diferentes religiones, como Edgar J. Goodspeed (traductor del “Nuevo Testamento” de la An American Translation), Benjamin Kedar (profesor y hebraísta en Israel), el hebraísta y helenista Alexander Thomson, o Jason David BeDuhn, profesor adjunto de la cátedra de Estudios Religiosos de la Northern Arizona University (EE.UU.), entre otros, califiquen a la TNM como una de las mejores traducciones de la Biblia, una traducción basada en los más importantes manuscritos hebreos y griegos. Y el caso es que esto iría en contra de la enmienda del Artículo 3 de la ley federal rusa contra el extremismo que, por cierto, firmó el presidente Putin, en la que se dice expresamente: “La Biblia, el Corán, el Tanaj y el Kanjur, su contenido y citas de estos [libros] no se pueden considerar extremistas”. (…Me lo explique”…)

Lo expuesto transmite una sensación —por definirla de forma eufemística— de no saber qué se traen entre manos los responsables de tratar esta situación, lo que se entiende cuando los encargados de analizar las “pruebas” no son expertos en la materia y responden a otros motivos que no son los de actuar en justicia. Pero eso lo trataremos en la continuación de este artículo.

EL OBSERVADOR PREOCUPADO

Agradecimientos imágenes:

Muro de Berlín: Von Karl-Ludwig Lange – Selbst fotografiert, CC BY-SA 3.0

Medalla Orden de la Gloria de la Paternidad: kremlin.ru