CÓRDOBA Y LOS JUDÍOS (desde el siglo XIV)

 

Tras la conquista de Córdoba por las tropas cristianas, los judíos se verían favorecidos por una política de tolerancia, volviendo a recuperar parte del esplendor perdido durante la dominación almorávide y almohade. El rey concedió los mismos derechos a cristianos, judíos y musulmanes en el fuero y asignó a los judíos el recinto de la vieja judería, otorgándoles licencia para la construcción de una sinagoga adicional, a pesar de la oposición del cabildo. La sinagoga se construiría en 1315 y todavía existe en la calle Judíos, nº 20.

Alfonso X el Sabio trató de mejorar la suerte de los judíos, otorgándoles privilegios y derechos de diverso orden: se ampliaron sus barriadas y se cerraron con un muro que los aislaba del resto de la población. Esta medida no tenía tanto un objetivo segregacionista como de seguridad de los judíos y es una muestra del clima antijudío que comenzó a desarrollarse en las juderías andaluzas.

En 1349, la peste negra hará sus estragos en la ciudad, algo que se repetiría 15 años más tarde. Esto conllevó unos altísimos índices de mortalidad, situación que se agravará por la escasez de comida y de dinero. La relativa paz imperante a lo largo del siglo XIII tras la conquista cristiana se verá truncada en el siglo XIV, especialmente por la mala situación que se vivía en el Reino de Castilla donde el rey, de lucharon en una Guerra Civil (1351-1369) por hacerse con el trono. Entre 1366-1369, tiene lugar en Córdoba una lucha entre los partidarios de Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique II Trastámara, del que sale vencedor Enrique II.

Pero en 1391 tiene lugar uno de los hechos más dramáticos ocurridos en Córdoba: el asalto en la Judería.

El Arcediano de Écija, Ferrand Martínez, y sus prédicas provocó que la turba enardecida echara abajo las puertas de la sinagoga. La tensión y las revueltas habían comenzado años antes en Sevilla, expandiéndose de ahí a ciudades como Córdoba y Toledo. Uno de los motivos por los que comenzaron los asaltos a las juderías fue la culpa atribuida a los judíos de la peste que asolaba Europa, acusándoles de envenenar las aguas de la ciudad.

Tras las matanzas de 1391, los pocos judíos que consiguieron salir con vida, tuvieron que convertirse al cristianismo, mientras veían cómo su sinagoga pasaba a tener una función hospitalaria católica y cómo los asaltantes se apoderaban de sus casas y demás pertenencias.

En 1399, se hace necesario repoblar este barrio, creándose una nueva colación, la de San Bartolomé, que estará presidida por la Capilla Mudéjar del mismo nombre. Muchos otros judíos convertidos se mudaron al barrio de San Nicolás de la Axerquía.

En 1406 volvieron los asaltos a la judería y las persecuciones a las casas y tiendas propiedad de judíos. Como consecuencia de estos hechos, Enrique III el Doliente impuso una multa de 40.000 doblones a la ciudad de Córdoba, de los que sólo un tercio fue satisfecho ya que la muerte sorprendió al rey. Tras esta nueva matanza, muchos judíos se establecieron en Granada.

En 1473 una nueva revuelta se ceba con los conversos. Liderados por Alonso Rodríguez, un herrero, la turba comenzó a prender fuego a las casas de los conversos con la excusa de vengar una ofensa: de las ventanas de la casa de un converso se había arrojado aguas fecales contra la imagen de la Virgen llevada en procesión por la calle de la Herrería. El gobernador Alfonso de Aguilar, junto con su hermano Gonzalo Fernández de Córdoba y otros caballeros, pidió al herrero que depusiera su actitud, pero en vano. La turba, indignada con la actitud del gobernador, atacó casas de conversos en las calles de la Ropería, Santa María de Gracia, Curtiduría, Alcaicería, Platería y no tardó en correr la sangre. El gobernador tuvo que refugiarse en el alcázar con los judíos y conversos, a riesgo de perder la vida. La revuelta de la calle San Fernando contra los sospechosos de judaizar hizo que más tarde, en 1482, recayera sobre ellos la acusación directa y la actuación del Tribunal de la Inquisición.

Hacia 1478, el corregidor cordobés Francisco Valdés obligó al traslado de la comunidad judía a la antigua judería en el Alcázar Viejo; pero sintiéndose menoscabados en sus derechos, los judíos pidieron al monarca volver a su emplazamiento anterior, lo que finalmente consiguieron tras volver a levantar el muro y las puertas de acceso que los aislaban de la población cristiana.

En la última década del siglo XV, la concentración de tropas de los Reyes Católicos en Córdoba para dar el golpe definitivo al reino de Granada, se verá como un rayo de esperanza para la recuperación de la localidad. Aquí es recibido Cristóbal Colón para exponer su proyecto de viaje a las Indias. Pero una vez tomado el último reducto musulmán, Isabel y Fernando dictan la expulsión de los judíos de todo el territorio cristiano desde la Alhambra de Granada. Este decreto supondrá el golpe definitivo para la mermada economía cordobesa y acabará con la convivencia de las 3 culturas durante 7 siglos. Córdoba tardará prácticamente 3 siglos en recuperarse económica y demográficamente tras el exilio judío.

J.A.T.

Agradecimiento a:

Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad  –

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